Norelly Esther Jiménez Jiménez

Reconocimientos Nacionales XVII Salones Regionales de Artistas (Virtuales) 17 SRA CARIBE

Proyecto: 

TEPICHI OUTUSJAMUIN-



TEPICHI OUTUSJAMUIN (Niñez, Hambre, Abandono), en el dialecto Wayuunaiki. La obra consta del diseño de 7 ataúdes, de tamaño infantil, elaborados con yotojoro (cardón disecado a la intemperie, empleado para hacer viviendas por la etnia wayuu); cuatro ataúdes son ubicados en el piso, tres van suspendidos del techo con nylon, éstos tienen luz interna, que al encenderse, “hablan” por las almas de los pequeños que se debaten entre el hambre y la desnutrición; iniciando su viaje a Jepirra (cementerio de las almas wayuu). Se pretende abordar lo que son para un gobierno: una cultura que vende sus artesanías, que, en otrora, fue la imagen identitaria de una etnia; hoy, son una marca que se vende en serie. La muestra de ataúdes, es la protesta por la cantidad de niños que van muriendo, se construyen desde la misma madera que sostiene sus sueños, donde juegan y viven sus escasos días sobre la tierra que los vio nacer. Así se concibe este ejercicio. Es consolidar en el espectador lo que él no ve, lo que no siente, porque vive lejos, porque sus intereses son otros, porque los niños wayuu no tienen dolientes; los adultos, comen primero, si queda, les dan para comer, sino, a esperar que vuelvan a cocinar dentro de 24, 48 horas. Al inicio de la investigación, se aproximaba a una cantidad de 48 niños que han entregado su vida que suman 90 en el año 2017, en la actualidad se cuentan 54 muertes registradas, después de la cuarentena, van 4796 en el 2020; sin mencionar los que fallecen en sus rancherías a expensas de lo que sus padres puedan solucionar, a cientos de kilómetros de la capital guajira, Riohacha.

Tepichi outusjamuin deja manifiesto que los niños son los que dan vida, los que pueden perpetuar la etnia, quienes con su sonrisa, cambiarían su actual condición, los que merecen ser los primeros en todo; los que seguirán mirando
hacia el infinito, para poder encontrar un mendrugo de pan, a pesar de su soledad, de su fatiga, de sus sueños perdidos, de una infancia no vivida, que se cierra cuando el último suspiro los acompañe en la batalla de su febril cuerpo cansado de enfermedades traídas como huésped maldito que acaba con sus días. Como voz de protesta, se elevan estos ataúdes en una Instalación para decir:

¡Los Niños Wayuu resisten!

Fragmento del informe del artista