Región Centro

16 SRA Centro

16 SRA Centro: ¿QUÉ SABEN LOS ARTISTAS DE…?

ZONA CENTRO ¿QUE SABEN LOS ARTISTAS DE…? (Claudia Salamanca y Nicolás Leyva):

 

La propuesta busca dejar de lado por un momento lo que los artistas hacen (oficios o prácticas), para preguntarles por otros aspectos de su existir en los territorios. Por medio de socializaciones (Tunja, Puerto Boyacá, Villapinzón, Bogotá y Duitama), entrevistas (a artistas, no-artistas e instituciones), el voz a voz y un cuestionario web; se propone a los involucrados indagar por aquello que el artista no sabe que sabía, pero que resulta esencial para su manera de entender el mundo en un sentido amplio (agua, fronteras, residuos, autogestión, naturaleza, etc.). Asumiendo que el lugar desde donde surgen estos conocimientos obedece a una mirada diferente de las de otras disciplinas, por tanto propia del arte y los artistas. Se realizó un mapa que permite visualizar esas particulares inquietudes, y con con base en dicho mapa, el equipo curatorial agrupó mesas de trabajo, encargadas de desarrollar colaborativamente una ‘Caja para (des)centrar’ que recorrerá de manera nómada Boyacá, Cundinamarca y Bogotá. Esta no es una caja con obras de arte o llena de conocimientos, sino una caja con estrategias artísticas para que otras personas se apropien de ellas y les permita pensarse críticamente en sus contextos.

 

PARA MAS INFORMACION SOBRE EL PROYECTO, POR FAVOR VISITE https://16sracentro.com

Individual: Sebastián Fonnegra

Sebastipan Fonnegra

16SRA. Muestras Individuales. Región Centro.

Claustro de San Agustín. Bogotá. Noviembre 4 de 2017 al 4 de febrero de 2018.

Hope es un proyecto que inicia en un viaje a la isla de Providencia, Colombia. La isla era un lugar para mi desconocido pero referenciado por diferentes personas como un lugar paradisiaco.  Con el anhelo de conocer ese paraíso decidí viajar a la isla sin preguntarme qué significaba para cada persona la palabra paraíso. Este término encontró un sentido diferente al momento de recorrer la isla y sentir la calma del lugar en medio de múltiples ruinas que la habitan. No había asociado lo providencial o paradisiaco con el abandono. En contraste pensé que el progreso, la velocidad y el bienestar en una ciudad puede ser el paraíso que un citadino espera encontrar y ese paraíso alberga un imaginario colectivo de opulencia y acumulación, tanto de bienes, experiencias y logros. Pero en la isla, lejos del ruido, el bienestar se deja sentir con el desapego y la renuncia a los ideales de acumulación.

Con el pasar de los días la importancia del deber se fue desvaneciendo en mi y me concentré en mirar la isla. La fotografía ha sido para mi un medio para transformar mi mirada y el acto de fotografiar un estado de suma concentración que me permite habitar el presente en donde a través de la composición intento encontrar alguna armonía. Desde hace algunos años sólo trabajo con fotografía análoga y dejé de lado casi del todo la digital. El tiempo y el acto de mirar es muy diferente en la fotografía análoga porque necesita de mayor paciencia y menos tomas. El límite del número de fotos de un rollo de verdad me obliga a pensar mucho más en la composición y en el entorno. Hope es justamente uno de los primeros trabajos  en los que la calma comenzó a ofrecer resultados interesantes. La fotografía análoga es un ritual que apunta a la transformación del pensamiento. La fotografía digital por el contrario, en la mayoría de casos, tiende a convertirse en una actividad de acumulación sin reflexión.

Bajo este espíritu contemplativo hacia fuera y hacia adentro encontré un eco de mis pensamientos en las ruinas y en las vistas al mar. El vacío, la ausencia de personas y la presencia de sus restos me transmitieron una gran calma; pensaba que ahí, en esos elementos o espacios que encontraba,  ya no había premura. El motivo que puso en marcha la construcción de algunas casas inacabadas o en ruinas que encontré ya había desaparecido. Al igual que en el devenir histórico de la especie humana, todo aquello que se ha edificado en nombre de alguien o una idea, y que ha sido motivo de conflictos o guerras en muchos casos, forma ahora parte del olvido. Pensé que todo aquello que tiene gran importancia no importará en lo más mínimo en el futuro. Las personas mueren y las sociedades se transforman. Nada permanece del mismo modo a pesar del apego que podamos tener hacia nuestra vida actual. Si bien la memoria es algo que atesoramos y nos otorga identidad y perspectiva, el olvido es una función natural que  nos permite sanar.

Hope no es la esperanza de un mejor mañana sino la certeza de una transformación.

Sebastián Fonnnegra

Sebastián Fonnegra es maestro en Artes Plásticas de la Universidad Nacional de Colombia, Bogotá. Su trabajo se desarrolla principalmente en fotografía y dibujo, y sus temáticas giran alrededor del psicoanálisis, el inconsciente, la palabra y los sueños.

En 2014 recibió el tercer puesto por su trabajo en fotografía “Parque de juegos” en el 7 Salón Arte Joven organizado por Embajada de España-Colsánitas y curado por Santiago Rueda. El premio fue exhibido en la Galería Nueveochenta. En 2013 recibió una beca de publicación para fanzines de dibujo con su proyecto “Despertares” otorgada por La Independiente - Feria de publicaciones con el apoyo de la Revista Matera y la Alcaldía Mayor de Bogotá.

En febrero de 2017 realizó su primera exposición individual con su trabajo en dibujo “Diccionario Fantasma” en la galería 12:00. Este mismo trabajo, con sus diferentes variaciones, ha sido exhibido en varias exposiciones entre las cuales se encuentran: Áreas Inexactas curada por Jaime Cerón en el Museo de Arte Moderno de Bogotá 2016; La Feria del Millón en el Centro Creativo Textura 2016; y en el I Premio Salón de Arte Joven organizado por la Fundación Gilberto Alzate e IDARTES 2015.

Ha sido seleccionado para varias exposiciones colectivas: Lenguajes en papel – Galería EL MUSEO 2017; La Poética del Espacio – Galería Cafam de Bellas Artes 2016; III Bienal de Bucaramanga – Centro Cultural del Oriente Colombiano 2015; I Premio Visionado de Portafolio Fujifilm – Bogotá Arte Contemporáneo 2015; Lo Otro y lo Propio – Casa Ensamble 2012; Exposición de Mejores Trabajos de Grado – MAC (Museo de Arte Contemporáneo de Bogotá, Minuto de Dios) 2011; Bienal Internacional de Arte SIART – Alianza Francesa de La Paz, Bolivia 2007.

Vive y trabaja en Bogotá.

 

 

 

Individual: Lucía González

Lucía González
16SRA. Muestras Individuales. Región Centro.
Claustro de San Agustín. Bogotá. Noviembre 4 de 2017 al 4 de febrero de 2018.

AL MAR NADA LE PESA.
Escrito por: Nathali Buenaventura Granados

“(…) sobre todo los melancólicos, ya que las imágenes les trastornan mucho. El motivo por el que rememorar no está en su poder es que, al igual que los que lanzan un dardo ya no tienen posibilidad de retenerlo, quien busca en la memoria imprime un cierto movimiento a la parte corpórea en que reside tal pasión.”

Aristóteles[1].

Algunas veces una presencia escultórica no es la manifestación de una potencia; todo lo contrario, podríamos estar ante una impotencia manifiesta. Nadie puede suplantar el cuerpo de un espectador, ni siquiera este texto, pero quisiéramos ofrecernos a la manera de una compañía para el cuerpo de quien se presente ante esta montaña. Si afirmamos aquí, que posiblemente estas materias fueron traídas hasta este lugar para estratificarse a merced del olvido y que tanto se erige la presencia escultórica, como se quiebra la voluntad de quien la creó frente al acto de olvidar, no lo afirmamos en la codicia por la interpretación; estamos observando atentamente que el cuerpo que soñó una montaña de sal emergiendo de las aguas y en constante cristalización, está emparentado con las visiones de eternidad, memoria y olvido que hemos encontrado en la imagen de las aguas del mar/río, durante siglos de contemplación y experiencia[2]. Si las grandes densidades de pena y vida que portamos en la memoria tienen semejanza con el temperamento de la sal, elemento constitutivo del cóctel del sistema nervioso dentro del cual viven nuestras imágenes, es factible que un cuerpo imagine al cúmulo de todos sus recuerdos solidificarse en una inmensa montaña que contiene todo el peso de aquello que quisiéramos olvidar. Poseemos aún evidencia en este sentido: el material plástico más cercano al agua que nos ha sido revelado -la imagen en video- fluye hacia el espectador con el ulular acuático del tiempo; los dedos que rascan la sal cuentan el tiempo que le tomará a las aguas llevarse la memoria y al fin hacernos descansar en el olvido. Se trata pues, de un cuerpo que está aprendiendo a esperar. “Acepto la naturaleza de las aguas, de las oscuras y las cristalinas. Acepto el enfrentamiento ineludible con la fluidez del tiempo que caracteriza los estados de memoria: la salinidad blancuzca que todo lo preserva, la opacidad acuosa de los mares y la huella dejada por el encuentro inminente de ambas fuerzas. Abrazo el estado pertinente, aunque sea de manera involuntaria. Normalmente lo es, dada la supremacía del tiempo sobre la voluntad humana, impotente y limitada. Quedando entonces, el cuerpo sometido a unos climas largos e inexactos, infinitos a los ojos y cuerpos de los seres.[3]

 


[1] Tratado natural acerca de la memoria y la reminiscencia.

[2] “Según la representación de los antiguos, uno debía atravesar, al pasar de la vida a la muerte, el río del olvido, el Leteo. Esta corriente no solo libera del recuerdo subjetivo, sino también de los hechos de la vida. Lo que aquí se lava, según esta representación, no se pierde: las aguas purificadas a través de los hechos acontecidos alimentan una fuente, Mnemosyne. Lo que ya no puede ser importante para los muertos, es indispensable para los vivos. El mundo de estos se nutre de esa fuente. Del seno de Mnemosyne mana la tradición. Lo que se acumula en ella y alcanza a las generaciones posteriores, es arte.” Frank Benseler en Gyorgy Lukács. Ética, estética y ontología. Pág. 173.

[3] Notas de Lucía González Gaitán. Los textos completos de Lucía están disponibles en la Biblioteca de la Universidad Nacional de Colombia.

 

LUCÍA GONZÁLEZ

Lucía González es artista plástica egresada de la Universidad Nacional de Colombia.

Su trabajo reflexiona sobre las emociones humanas y los procesos de memoria que están sujetos a un desvanecimiento a través del tiempo. Lleva un proceso de pensamiento y creación basado en la dualidad como estrategia plástica. Utiliza medios tales como instalación, video, performance y fotografía.

Ha expuesto en espacios como el Centro Colectivo Textura (2016), el Museo de Arte de la Universidad Nacional de Colombia (2016), en Bogotá, el Centro Cultural Guillermo Barney Materón (2016), en Palmira y el Centro Cultural Jorge Luis Borges (2017), en Buenos Aires.

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