Pedagogía e integración social

Las teorías más recientes de la educación muestran la importancia de mantener una relación horizontal entre educadores y educandos. El pedagogo Paulo Freire habla de este punto refiriéndose a la humildad y capacidad de sorprenderse con la que debería enseñar todo profesor: “Todos sabemos algo. Todos ignoramos algo. Por eso, aprendemos siempre”. La humildad para Freire no es condescendencia sino respeto por el otro. Escuchar con atención no solo es un deber humano, es una virtud democrática nada elitista.

Los Laboratorios de Artes Visuales han adoptado esta política en el trabajo coordinado por artistas plásticos que, en su mayoría, no son pedagogos de profesión, pero que durante su carrera han ofrecido talleres y clases en diferentes escenarios educativos. Sumando experiencias anteriores, quienes imparten las guías de trabajo saben que deben balancear sus conocimientos previos a la práctica con las ideas nuevas que van apareciendo durante las sesiones.

Imaginar que el pensamiento se construye históricamente por capas de conceptos que se superponen y se interrelacionan hace posible entender cómo la transferencia del conocimiento ha obtenido logros significativos durante la historia de la humanidad: el lenguaje, la escritura, la agricultura, la astronomía, los saberes culinarios o las tecnologías no serían nada sin la capacidad de enseñar. Estos ejemplos comparten el formato de saberes transmitidos por generaciones, y se perfeccionan con el tiempo. De esta manera se avanza en cada área del conocimiento.

Freire, sin embargo, ratifica que el saber no radica en el “acumular conocimientos” sino en el aprender mediante la conciencia crítica”. Estos dos conceptos (aprender/conciencia crítica) no pelean entre sí, sino que se suman cuando las enseñanzas se asimilan con la suspicacia suficiente que enriquece con la duda. Esto que se conoce como no tragar entero hace que cada generación aporte un nuevo saber a la totalidad histórica acumulada, incluso desde el desconocimiento total o parcial del tema de estudio.

El educador conservador utiliza el libro de texto y sus conocimientos previos como fuentes únicas de conocimiento, y de esta manera tiende a desconocer nuevas maneras de aprendizaje. Una posición rígida frente al estudiante puede truncar la experiencia real, reemplazándola por una memorización estéril de conceptos. Lo que debe suscitar el conocimiento son, precisamente, las opiniones, preguntas, y comentarios del estudiante, por más sencillos que parezcan. Estos aportes que el estudiante hace son un insumo de trabajo igual o más valioso que el conocimiento que se llega a impartir.

Aunque la función de la práctica artística esté desdibujada por el pragmatismo y la velocidad de la vida contemporánea, centrándola en la búsqueda plástica individual, creada por y para el artista, la multiplicidad de sus manifestaciones reflejan lo desbordado que es el concepto, y lo imposible que es encasillarlo únicamente dentro de lo “no útil”. Algunas ideas colectivas fijas cambian eventualmente por una idea modificada en el pensamiento individual. El arte es capaz de generar este tipo de reacciones en cadena, lo cual revela su dinamismo al producir transformaciones socioculturales. Aunque la UNESCO considera que “la cultura es el fundamento necesario para un desarrollo auténtico”, por lo general se considera que no tiene un fin en sí, y en sociedades tan inmediatistas como la nuestra, no es considerado una necesidad básica.

Buscando evadir esta preconcepción, y tratando de convertir la experiencia plástica en un acto útil para la sociedad, algunos de los Laboratorios de Artes Visuales se diseñaron como herramientas pedagógicas, culturales y sociales, que buscan influir positivamente en comunidades específicas. Para los laboratoristas, el arte no es un ente inmóvil frente a la realidad, sino que puede ser aprovechado en busca de cambios desde acuerdos colectivos. Hay que reconocer que los aportes de las sesiones de trabajo en estos laboratorios son difíciles de conseguir en otros ámbitos educativos. Al parecer, el enfoque artístico estimula la asimilación de conceptos, por tratarse de un proceso pedagógico no formal.

Una de las metas de los Laboratorios de Artes Visuales es hacer evidentes estos usos del arte. A través de la cultura se pueden generar espacios de congregación, pues la experiencia artística modifica la percepción de participantes y asistentes. Con talleres, charlas, conferencias y actividades de agenciamiento, los laboratorios han acompañado y sugerido emprendimientos, y han apoyado el esfuerzo diario de quien quiere empezar o continuar su formación artística, pero por diferentes razones personales no ha podido cumplir con su objetivo.

La inclusión, como eje de participación comunal, es un punto fundamental en las políticas que competen a los laboratorios, que se gestaron en el marco del Plan Nacional para las Artes, en el Área de Artes Visuales de la Dirección de Artes del Ministerio de Cultura, en 2004, con el propósito de contribuir a la cualificación de las prácticas artísticas en las distintas regiones del país, para enriquecer la vida cultural de las comunidades y para promover la creación artística como proceso de investigación, como conocimiento en la construcción de sentido, como experiencia estética interdisciplinar, y como recurso pedagógico que suscita criterios de valor, de gestión y de transformación social y cultural. Así las cosas, si se genera comunicación entre las actividades artísticas de la periferia y las del centro del país, es posible crear vínculos de mayor alcance que promuevan el reconocimiento del trabajo plástico que se adelanta en todas las regiones.

Bajo estos criterios de acción, los laboratorios se comportan como dispositivos para la construcción y el acompañamiento de los participantes en procesos que producen una actividad cultural más rica en las regiones. Para los coordinadores, desarrollar un proyecto con una comunidad específica, con sus propias capacidades y dificultades, implica una preparación previa para valorar el trabajo de los participantes, para someterse a situaciones de conflicto y sopesar las circunstancias en casos críticos, todo esto evadiendo la enseñanza jerarquizada, y planteando una estructura de educación horizontal.

Según Jacques Rancière, Jacotot (pedagogo, personaje principal en torno a quien se estructura el libro El maestro ignorante) da en el clavo de la educación refiriéndose a la relación maestro-estudiante cuando dice que “explicar” es pensar que el otro no puede comprender o aprender por sí mismo:
Es necesario invertir la lógica del sistema explicador. La explicación no es necesaria para remediar una incapacidad de comprensión. Todo lo contrario, esta incapacidad es la ficción que estructura la concepción explicadora del mundo. El explicador es el que necesita del incapaz y no al revés, es él el que construye al incapaz como tal. Explicar alguna cosa a alguien, es primero demostrarle que no puede comprenderla por sí mismo. Antes de ser el acto del pedagogo, la explicación es el mito de la pedagogía, la parábola de un mundo dividido en espíritus sabios y espíritus ignorantes, espíritus maduros e inmaduros, capaces e incapaces, inteligentes y estúpidos. La trampa del explicador consiste en este doble gesto inaugural.

Bien decía Freire que “la educación no cambia al mundo, cambia a las personas que van a cambiar el mundo”. El proceso educativo comienza desde muy temprana edad, y hay que aprovecharlo porque la capacidad de sorprenderse y aprender contenidos nuevos es mucho más marcada durante la infancia. Este primer momento pedagógico, acude a la ausencia de preconcepciones y prejuicios en los niños, lo cual implica, al mismo tiempo, una responsabilidad enorme de los educadores frente a los contenidos que tratan.

Los Laboratorios de Artes Visuales optaron por incluir procesos artístico-pedagógicos con énfasis en comunidades de niños y niñas en sus primeros años de vida. Arte desde el principio (2012), del Colectivo Escafandra, es una “aproximación a prácticas de arte situadas en primera infancia” que en Sucre, Tolima, Chocó y Cundinamarca, acompañó y capacitó a formadores de instituciones que trabajan con esta población específica.

El laboratorio, dirigido por Marcela Tristancho, hizo uso de la percepción, la cognición y la expresión corporal y manual, desarrollando procesos de socialización que relacionan la memoria, la ciudad y el cuerpo. El cuerpo que habita cada uno es el que conoce, el que explora, el que comunica y se articula con el contexto. Por medio del trabajo con el cuerpo, el entorno y el acercamiento a obras contemporáneas reconocidas, los niños y niñas encontraron su relación con la plástica y renovaron “la mirada sobre las prácticas artísticas y los modos de hacer en el arte dentro de la escuela”.
El Proyecto Espacio y Cuerpo, realizado en Quibdó e Istmina (Chocó) desde 2008 y hasta 2011, intenta volver la mirada hacia esos espacios educativos, hacia las aulas de clase. Para ello se vincularon maestros, artistas y personas relacionadas con el trabajo pedagógico. Por medio del trabajo manual con materiales desechados y reciclados (botellas, plásticos, pitillos), los niños de varias instituciones realizaron una intervención en sus aulas de clase, en donde se repensaba el uso de los materiales y la distribución del espacio educativo. Es interesante ver que el ejercicio no se encaminó hacia la ecología, sino que se descubrió un aspecto poético y artístico que hablaba del objeto y su uso no convencional: “La basura ha cobrado otro sentido en la escuela, lo que ha permitido que se aleje de la utilidad y productividad de reciclaje y se acerque a la historia que la misma trae”.

El proyecto causó gran impacto en la comunidad porque la materia prima era material desechable: botellas, tarros, latas, madera, plásticos y telas. Acerca del proceso de creación, un participante comentó: “En mi salón se trabajó un multimueble decorativo con botellas con agua de diferentes colores […] aprendí a darle vida a materiales desechables como mesas y sillas de decoración o para colección” (Porfirio Palomeque Bejarano).

Como otra experiencia pedagógica, fundada en la propuesta educativa Reggio Emilia, creada para la primera infancia, Carolina Salazar realizó en Miraflores (Guaviare), durante el 2013 y el 2014, el Laboratorio ¿Cuál es el lugar del arte? El trabajo comunitario que se desarrolló en dicho laboratorio se enfocó en nueve dinámicas pedagógicas que transversalmente asumían al estudiante como un elemento participativo y pensante dentro de los diferentes momentos de la producción plástica y conceptual. Allí, la obra plástica, compuesta por nueve dinámicas sumadas “transforma el pensamiento frente a la identidad de los miraflorences […] Al final del proceso se planteará un sistema de apadrinamiento como estrategia de sostenibilidad”.

Otro grupo interesante de participantes de los laboratorios son las personas con dificultades cognitivas o físicas, quienes por lo general sufren de algún tipo de discriminación. En algunas ocasiones el obstáculo mental o físico del que padecen genera un distanciamiento social que limita. Según la experiencia, las personas discapacitadas, o como ellos mismos prefieren ser llamados, personas con capacidades diversas, son participantes dispuestos a atender y desarrollar los contenidos de los talleres de creación.

Desde 2008, en Boyacá y Cundinamarca, el Colectivo Otro, ha desarrollado el Laboratorio de Intercambios Gestuales en Arte Y Discapacidad. El trabajo ha evolucionado, pasando por la “formulación, diseño y puesta en marcha de proyectos de creación para población con discapacidad”. Originalmente liderado por Mónica Romero, este espacio vinculó a personas con capacidades diversas, trabajadores sociales e incluso artistas interesados en el tema. Fue así como Melvy Bocanegra pasó de ser una participante a coordinar estos laboratorios desde 2010.

Por otra parte, en el Valle, el Colectivo Otro (conformado en ese entonces por Jaime Barragán y Lised García) trabajó procesos de reflexión y diálogo en torno a las capacidades diversas y visibilizó algunas prácticas educativas y cotidianas como acciones creativas. Allí participaron tanto profesores y terapistas como personas de capacidades diversas y sus familiares, quienes se involucraron en trabajos de creación plástica (a partir del dibujo, acciones con objetos, trabajo con texturas y con el cuerpo), en la producción de eventos, la gestión de espacios y la planeación de proyectos competitivos.

El efecto de los antecedentes del artista en su obra solo es corroborado a través de la experiencia, que es un eje fundamental que da forma a los procesos artísticos y para los Laboratorios de Artes Visuales se ha convertido en una herramienta pedagógica infaltable. Cada experiencia, percibida por coordinadores y participantes durante las sesiones, puede significar un tema o técnica que ya no será tan ajeno en los próximos encuentros.

“Cada hombre es un artista”, repetía insistente Joseph Beuys. El artista alemán que quería integrar las acciones cotidianas a actos artísticos que no se quedaran en la representación sino que se convirtieran en la realidad misma. Al ser cuestionado por esta concepción antropológica del arte, Beuys respondía:
(El arte) es un proceso de configuración del trabajo humano, y el trabajo humano tiene relación con la capacidad humana. Se sabe que hay personas que no tienen esa capacidad física, debido a una enfermedad, por ejemplo. Entonces si este concepto fuera difícil de aplicar, debemos de incorporar el trabajo ya sea manual o intelectual.
Son precisamente estas capacidades diversas las que dan un valor agregado a la labor plástica, que consiste en la visión única de cada uno de los participantes, con sus habilidades y limitaciones. El enfoque diferencial reconoce este valor y lo potencia a partir de la relación con el cuerpo, en la individualidad del autor del gesto.
Los laboratorios han apoyado algunos procesos pedagógicos que tienen un grado de dificultad por el tipo de participantes especialmente susceptibles frente al entorno social. La rehabilitación de personas en correccionales y cárceles del país ha creado, a través de los laboratorios, un vínculo con la creación artística que, además de reducir la monotonía del sistema carcelario, propone una práctica de vida diferente dentro y fuera del encierro.

La marginalidad y algunos factores de pobreza generan un pronunciado índice de criminalidad que se ve reflejado en la situación actual de los reclusorios. En 2014, el Laboratorio Piloto Transformarte, realizado con el apoyo del Sistema de Responsabilidad Penal para Adolescentes del Valle del Cauca, y coordinado por John Ramos y Lina Rojas, convierte el espacio penitenciario en salón de clases. En acciones cotidianas, dirigidas a la creación de acciones artísticas, los jóvenes reconocen su rol en la comunidad y hacen conciencia de su contexto. Basado en el enfoque diferencial, el laboratorio busca ser un “método restaurativo o proyecto de vida” para los reclusos que no superan la mayoría de edad; su objetivo es incrementar la oferta cultural a la que tiene acceso esta población, para que, por medio del arte, tengan “opciones de resignificación de aquellas prácticas negativas de ciudad y ciertas herramientas de construcción de proyectos de vida”.

Este laboratorio no solo reflexiona acerca de los cambios urgentes que necesita la institución penitenciaria, sino que intenta que los exconvictos libres se cuestionen sobre la estigmatización a la que son sometidos y sobre la reincidencia criminal, que es común debido a la falta de oportunidades que la sociedad ofrece a los reclusos que ya cumplieron su sentencia.
En el marco de los laboratorios también se gestionaron espacios culturales para la preservación de los saberes propios de la región y la construcción de nuevas visiones acerca del arte. En un principio, el proyecto en El Carmen de Bolívar y El Salao (2012-2014) intenta generar inquietudes plásticas, históricas y técnicas con respecto a proyectos individuales. Sin embargo, en un momento más reciente se hizo evidente la necesidad de un lugar dedicado exclusivamente a la producción de manifestaciones artísticas. Así nace Por una Escuela de Artes en la cabecera municipal de El Carmen de Bolívar, que busca transformar el entorno cultural de sus habitantes, evitando acciones hegemónicas o autoritarias. Su coordinador, Wilger Sotelo dice que no se trata de “ir a una comunidad o cultura con un saber terminado, sino como quien asiste a un encuentro que lo va a inquietar y desplazar”, sin forzar las prácticas culturales, sin buscar que se acomoden a modelos externos a ellas.
De esta manera, más que intentar concretar un espacio cultural físico, definitivo e inamovible, el laboratorio busca crear conciencia del movimiento artístico que existe en la provincia, propone esquemas de acción que todavía no necesitan de la institucionalidad y que pueden afrontarse conformando grupos de trabajo autónomos, que exijan un lugar para las actividades artísticas. En El Carmen de Bolívar, por ejemplo, en principio se intentó fundar un semillero con miras a un proyecto de investigación artística a largo plazo. Así se anunciaba en medios locales el laboratorio:
El pasado 6 de octubre del 2012 empezó en la Casa de la Cultura de El Carmen de Bolívar, un curso de Artes Plásticas y Pintura financiado por el Ministerio de Cultura. La idea es formar un grupo de personas en esa área para que se constituyan en el semillero de investigación para la creación de la Escuela de Artes en el municipio. Los estudiantes han visto el primer módulo que constituye la creación y decorado de máscaras en yeso, luego continuaran con grabado, tallado y finalmente con pintura.

Por su parte, Vichada fue el escenario del Laboratorio El arte de la Pedagogía, dirigido por Saïda Benhoura Miquel, en 2012, con un enfoque pedagógico que enfrenta cuestionamientos acerca del cuerpo, la palabra y la comunidad a partir de “la producción artística como acontecimiento en el otro”, es decir, como acción plástica que puede modificar las ideas preconcebidas en los espectadores (incluidos participantes y coordinadores) para generar un movimiento cultural en la región. Para ello se creó un mapa esquemático de la vida cotidiana para contemplar el ciclo de los participantes como fuente de inspiración. A través de la crónica se estructuró una narración con la descripción de una situación cotidiana durante un día determinado. Por último, se propusieron acciones artísticas alternativas frente a la idea del objeto de arte finalizado en lugares especializados como galerías y museos.

El arte, en este caso, es el hilo conductor que enhebra experiencias de cada participante en su propia vida, en su trabajo, su colegio o instituto de aprendizaje, en su hogar y en cada ámbito donde se desenvuelve diariamente. Lo cotidiano toma relevancia al convertir estas experiencias en la visión y apropiación de la realidad de cada individuo. Una vez más, antes de crear experiencias artísticas desligadas a la vida, este laboratorio, como otros, entiende la cotidianidad como eventos que en sí mismos pueden ser piezas de arte espontáneas.

Desde 2005 hasta 2009 la Universidad Nacional de Colombia, sede Bogotá, preparó el proyecto Zona Oriente para Santander y Norte de Santander. Un grupo de trabajo conformado por profesores de la institución, encabezado por Miguel Huertas, trabajó en diferentes áreas relacionadas con la formación en artes. En las diferentes sesiones de los seminarios/taller los participantes aprendieron a investigar sobre artistas de su agrado, a relacionar su trabajo con la historia del arte y a escribir acerca de su proceso de creación, desde la perspectiva formal, temática y conceptual. Además, se dieron nociones de la relación entre arte, comunicación y medios, el sujeto y el contexto al que pertenece, el concepto de nomadismo y cómo vincular estos elementos para la creación artística. El programa buscó introducir a los participantes en procesos para la construcción de autor, en la búsqueda de la identidad a través de la valoración de lo propio y lo ajeno.

Durante el 2012, en Boyacá, se realizó el Laboratorio En-tornos, coordinado por Diana Fernanda Hortúa López y Gabriela Numpaqué. Este laboratorio mantuvo la continuidad gracias a la coordinación local del proyecto. En-tornos fue diseñado y asesorado por profesores de artes y literatura de la Universidad Pedagógica y Tecnológica de Colombia pertenecientes a dos grupos de investigación especialmente interesados en el tema de la investigación/creación: Senderos de Lenguaje y Prácticas de Domicilio: “los creadores de este proyecto se caracterizan por una vivencia interdisciplinaria y vital de los procesos artísticos y su relación con la construcción de ciudadanía”.

Dentro del laboratorio se propuso la creación de un inventario de colecciones realizada por cada participante, y al juntar las listas se aglutinó una colección de colecciones. Posteriormente, basándose en la idea sugerida por un mueble con varios cajones pequeños, el llamado “Bargueño”, se elaboraron colecciones de objetos que evocaran el carácter de cada uno de los participantes, un ejercicio relacionado con la antropología, la taxonomía y la curaduría. Poco a poco el laboratorio se movió hacia la creación teatral de personajes con elementos cotidianos, a partir de conceptos como la caricatura y el cabaret.

El pedagogo de nuestros días incita, retroalimenta, no trata a sus estudiantes como entes carentes de conocimientos, sino que se hace partícipe del aprendizaje, se capacita cada vez que plantea y desarrolla su trabajo. Es la experiencia vivida la que lo forma. A través de la intuición, la imitación, la repetición, la aplicación, el pedagogo revisa su trabajo, sus bases y sus capacidades, con la disposición para dejarse sorprender por el estudiante y la enseñanza misma.

“Yo no creo en la enseñanza del arte y tengo que reconocerlo. Ya sé que resulta muy duro y que algunos lo pueden tomar muy mal, pero ¿qué le puedo hacer?”, escribe el artista español Eduardo Chillida. El escepticismo de Chillida se ve confrontado con las afirmaciones que él mismo hace en sus escritos iluminadores sobre aquel arte que “no se puede enseñar, pero sí aprender”.
El artista-pedagogo puede hacer de sus métodos de aprendizaje una atadura ideológica que estanca la creación plástica o una herramienta política que, como menciona Freire, construya el conocimiento desde los contextos que afectan a los dos entes políticos en acción, el aprendiz y el maestro.

La mirada del Laboratorio Arte en Contexto: Identidad y Educación, coordinado por Ana María Villate en Inírida (Guainía), en 2013, propone una mirada que va más allá de la producción de obras de arte al rescatar los saberes tradicionales no como simples saberes, sino como epistemologías que resuelven dificultades y problemas que atañen a las comunidades que los producen y que repercuten en problemas globales. Este rescate de conocimiento se piensa a través de prácticas artísticas que ponen en evidencia la importancia de la pervivencia del conocimiento propio en espacios de creación colectiva en entornos educativos.

En este laboratorio la producción de murales superpuestos por capas, que van cambiando a medida que un nuevo autor asume el espacio como su lienzo de trabajo, recuerda el arte ancestral, transmitido por generaciones hasta hace menos de 50 años, que construía una narración en piedras milenarias con petroglifos de varios siglos de antigüedad. Similar a lo que ocurre con la práctica del grafiti, la apropiación del espacio pictórico/narrativo es considerada, en algunas ocasiones, como un acto vandálico prohibido y lo que se privilegia es el valor histórico de la pieza que debe ser preservada para las futuras generaciones. Sin embargo, el trabajo con comunidades en este mural le da un contenido más cercano a las tradiciones que la comunidad curripaca comprendía como una conversación con los ancestros.

Para el Ministerio de Cultura de Colombia la diversidad cultural es fundamental en el camino de la construcción de identidad nacional, comprenderla y preservarla es una de sus metas importantes. Los Laboratorios de Artes Visuales constituyen una herramienta para hacer visibles estos procesos ancestrales que enriquecen los ámbitos que cuida y fomenta el Ministerio.

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