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¿qué es?

Los Laboratorios de Artes Visuales, desde su creación en el año 2004, han buscado ser agentes de apoyo y promoción de las prácticas artísticas y culturales —materiales e inmateriales— de los habitantes de todas las regiones del país. En estos 10 años, más de 5 000 actores han participado en las propuestas formativas de 188 laboratorios.

Investigación

Esta investigación recopila información y genera conexiones por medio de ejes temáticos o líneas transversales que van más allá de una cronología. Estas líneas establecen una metodología en donde se presentan cruces entre procesos relativamente dispares y de este modo establece conexiones temáticas y discursivas.

Creación

Creación artística en las regiones que carecen de presencia activa de instituciones culturales y que están por fuera de los circuitos artísticos. Aunque el interés primordial era hacer presencia y parte en departamentos priorizados por la carencia de estos espacios de formación los Laboratorios han llegado a gran parte del país para expandir los discursos y las creaciones locales.

formación

Durante su primera década de existencia, los Laboratorios de Artes Visuales del Ministerio de Cultura de Colombia hacen un esfuerzo por incidir en las formas de enseñar y reconocer las prácticas del arte en el país. Este programa se instaura desde la educación no formal y busca articulaciones y procesos de movilidad y circulación afines a los Salones Regionales y los Salones Nacionales de Artistas.

INFORMACIÓN SOBRE LOS LABORATORIOS

Destacados

10 años

188 laboratorios

5,000 participantes

8 ejes, conjuntos, cruces

29 departamentos

multiplicación de los saberes

videos

CAPÍTULOS

10 años de Laboratorios de Artes Visuales

descargar 188.pdf (703.3 KB)

Investigación completa

descargar voz.pdf (141.66 KB)

El arte sonoro es una constante en los laboratorios desde que comenzó a funcionar el programa. Aunque los laboratoristas y participantes no hayan estudiado música, la sensibilidad auditiva, el ritmo, la capacidad de recrear sonidos de la naturaleza, la producción de sonidos nuevos partiendo de la experiencia, y la representación a través de la notación gráfica del sonido, parecen inherentes al ser humano.

Cuando los vertebrados empezaron a salir del agua al final de la era paleozoica, la audición mutó. La diferencia entre el medio acuático y la atmósfera gaseosa se hizo evidente. En el aire, las ondas se mueven en un medio menos denso y el movimiento del sonido es mucho más lento.

Mirar, divagar, andar, recorrer, cartografiar el paisaje y la ciudad, han sido algunas de las temáticas constantes de los Laboratorios de Artes Visuales durante estos 10 años. El territorio es un concepto que permite englobar todos estos gestos que son objeto de estudio en las artes visuales y que, desde procesos de observación y devenir en el entorno, articulan y comprenden —como lo llamaría Lucy Lippard— “una compleja política de la naturaleza”. Esta exploración política se ocupa de lo multicultural y de las transversalidades que de ella se derivan desde el paisaje hasta las relaciones con la urbe, así como de señalar acciones artísticas interactivas que involucran a la comunidad y las conexiones que se establecen en espacios determinados. Es aquí, en este cruce, donde podemos pensar en la complejidad que, a través del territorio, se enuncia como una política compleja de la naturaleza.

Parte de estas relaciones pueden ser interpretadas como una suerte de sentimiento “nostálgico” que busca de nuevo establecer las conexiones con lo que nos identifica, lo que nos es propio: un volver, encontrar un lugar, habitar desde lo ‘natural’, lo urbano y sus convergencias o combinaciones. Esta impresión tiene un trasfondo que reflexiona sobre “la pérdida de raíces”, reflexión estrechamente ligada al lugar y a la manera como desde las prácticas que provienen del arte es posible generar o fortalecer formas de ejercer ciudadanía desde la relación con el entorno que visitamos, habitamos, recorremos, reflexionamos, invadimos o cartografiamos. Las experiencias y experimentaciones sobre el territorio tienen como objetivo implícito el reconocer el lugar y el reconocernos desde las múltiples manifestaciones que en el habitar edifican lo individual y lo colectivo.

El mejor medio para conocer el entorno es el cuerpo. A través de los diferentes órganos perceptivos el cuerpo reconoce lo que lo rodea y puede crear una imagen mental de las vivencias que recibe. De esta manera, los sentidos cumplen la función de un medio que detecta el espacio y lo convierte en información comprensible para el intelecto humano. Así, el cuerpo entiende los mensajes enviados por los fenómenos físicos del mundo que llegan hasta él en forma de sensaciones. Estas sensaciones permiten al cuerpo entender que el fuego quema, que debe abrigarse para el frío, que hay que adaptar los ojos a la luz o que en la oscuridad hay que usar otros sentidos para ubicarse. Cada sensación es una señal de información de la que el cuerpo aprende.

Algunos fenómenos al interior del cuerpo tienen que ver con elementos externos. El corazón palpita, el estómago suena cuando necesita comida, el tórax es una caja de resonancia para la respiración y la voz. La materialidad del cuerpo, además de emitir y recibir información, transforma los estímulos en forma de dolor o placer y esto, por lo general, está relacionado con lo que nos hace daño o nos beneficia.

Las teorías más recientes de la educación muestran la importancia de mantener una relación horizontal entre educadores y educandos. El pedagogo Paulo Freire habla de este punto refiriéndose a la humildad y capacidad de sorprenderse con la que debería enseñar todo profesor: “Todos sabemos algo. Todos ignoramos algo. Por eso, aprendemos siempre”. La humildad para Freire no es condescendencia sino respeto por el otro. Escuchar con atención no solo es un deber humano, es una virtud democrática nada elitista.

Los Laboratorios de Artes Visuales han adoptado esta política en el trabajo coordinado por artistas plásticos que, en su mayoría, no son pedagogos de profesión, pero que durante su carrera han ofrecido talleres y clases en diferentes escenarios educativos. Sumando experiencias anteriores, quienes imparten las guías de trabajo saben que deben balancear sus conocimientos previos a la práctica con las ideas nuevas que van apareciendo durante las sesiones.

La transmisión de saberes, ampliamente emparentada con los procesos pedagógicos de los Laboratorios de Artes Visuales, obliga a reflexionar sobre los saberes propios. Este eje intenta conglomerar los laboratorios que, desde el 2004 hasta el 2014, identifican, relacionan y reflexionan sobre las potencias plásticas, estéticas y expresivas del medio artístico desde los saberes colectivos propios de cada región. El patrimonio cultural tangible —los objetos, los elementos visibles— y el patrimonio cultural intangible —la oralidad, la música, las fiestas y la sabiduría multiétnica— son parte fundamental de los resultados de las experiencias en este eje.

Las constantes que exploran los saberes propios están en subcategorías internas que se manifiestan desde componentes como la patrimonialidad, la inserción de los procesos pedagógicos formales y no formales dentro de la construcción de discursos de arte, la biodiversidad, las prácticas agrícolas y gastronómicas, la territorialidad que integra también los saberes desde el habitar, la gobernanza que reconoce formas ancestrales y tradicionales como parte de una construcción política y social, e incluso desde las incidencias del conflicto armado.

El hemisferio derecho del cerebro es el encargado de codificar y decodificar sensaciones, sentimientos, imágenes, sonidos. El hemisferio derecho, de la música y el arte, es el centro de las habilidades que interpretan el espacio sin necesidad del razonamiento verbal: coordina la relación entre ojo y mano, también modula la voz, y le da un acento específico, sin preocuparse del sentido de las palabras pues para eso está el hemisferio izquierdo, que maneja toda lo racional, permite generar y entender conceptos, hacer cálculos, escribir y hablar coherentemente.

La conexión entre la visión del mundo y la acción es un principio fundamental para la supervivencia de las especies, pero solo algunas desarrollaron un instinto que convirtió el acto de apropiación del mundo en una manifestación artística. Muchos pájaros tienen habilidades decorativas, que funcionan como estrategia de apareamiento, algunos animales incluyen tácticas de camuflaje para cazar o evadir peligros, pero los humanos son los únicos capaces de desligar el trabajo artístico de cualquier aplicación práctica. El grado de abstracción al que se llega en un procedimiento artístico es el que permite combinar colores, formas, texturas sin necesidad de ubicar contenidos específicos en la concepción de la obra.

La fotografía y el video han tenido tránsitos que comprenden desde su implementación técnica, hasta la construcción de discursos estéticos que van más allá de pensar su soporte. De este ir y venir entre la técnica [imagen-objeto] y la percepción [imagen mental] surge lo que varios autores llaman la imagen de síntesis, que combina esos momentos previos para edificar una posible “imagen total”. En nuestra era digital, esta imagen de síntesis está siempre presente puesto que obedece técnicamente a una imagen calculada, producida por la sumatoria y la descomposición de códigos algorítmicos que simulan un color, una textura, luces y sombras que, como diría Bernard Stiegler “gramaticalizan lo visible”.

En este sentido, lo simulacral impera, tal vez por un dictamen de la sociedad de consumo y por el avance de los soportes digitales, que obligan a muchos amantes de la imagen análoga a explorar y habitar la imagen analógica-digital. Códigos binarios se alternan para dar información sobre color, tiempo, velocidad de obturación, o exposimetría en la imagen analógica digital. Ya no predomina el momento decisivo de Cartier Bresson, que durante tantos decenios fue un régimen absoluto para leer o interpretar la imagen mediada: el “eso ha sido” de Barthes, como espectro en el soporte fotosensible, se ha visto desplazado por una suerte de “pasado que no viví”, por el “eso no ha sido”.

Todos los Laboratorios de Artes Visuales tienen un antes, un durante y un después, y en estos tres momentos se trata, arduamente, de generar conocimiento desde la singularidad de cada uno de ellos, en sus procesos de creación, pedagogía artística, reconocimiento del quehacer específico, producción de obra y recepción de procesos sociales y sensibles.

Este eje adopta la tercera etapa del modelo de la producción audiovisual para tratar de vincular experiencias que se desarrollan a partir de los productos resultantes de los laboratorios. Aquí se reflexiona sobre aquellos procesos que se fundamentan en la realización de encuentros, exhibiciones, socializaciones, puestas en escena o movilizaciones en espacio público.

En principio, el análisis del conjunto de las propuestas, en el marco de esta investigación, hacía pensar su tratamiento desde la curaduría y la movilidad de resultados; sin embargo, al profundizar sobre los documentos que soportan las experiencias, dichos términos se quedaban cortos y no daban razón de los matices que cada uno de ellos suscitaba: el desplazamiento de la mirada del artista hacia la comunidad, las transformaciones de los productos resultantes en las experiencias exhibitivas, la gestión que propicia otra serie de encuentros no planificados por los laboratoristas y los participantes y las necesidades de visibilización propias de las regiones.

Dentro de los lineamientos con los que se dio inicio, hace 10 años, al programa de Laboratorios de Artes Visuales, se entienden estos espacios como un componente de formación del Plan Nacional para las Artes del Ministerio de Cultura. Para el cumplimiento de este objetivo inicial se reconoce y apoya “la creación de conocimiento y al conocimiento como creación”, en busca de la multiplicación de los saberes y experiencias sensibles que parten desde lo individual para proyectarse hacia lo colectivo.

Para esta investigación ha sido evidente que, durante la trayectoria del programa de los Laboratorios de Artes Visuales, cada uno de los procesos llevados a cabo en las regiones contiene un poco de todos los ejes de estudio planteados, como formas de creación que se relevan y mutan.

investigadores