Historia Salones Nacionales

1940s – 1960s

En octubre de 1940, cuando Jorge Eliécer Gaitán era Ministro de Educación, y Eduardo Santos era Presidente de la República, se inauguró el primer Salón Anual de Artistas en Colombia, éste fue realizado en la Biblioteca Nacional de Bogotá. Su inauguración fue la consolidación de dos intentos anteriores de reunir en una exposición lo que sucedía en el arte nacional; el primero de ellos fue la primera gran exposición que se realizó en 1886, y  el segundo fue el primer Salón de Artistas Colombianos realizado en 1931. En el discurso de apertura, Jorge Eliécer Gaitán mencionó dos roles importantes de la institución que acababa de nacer. Su primer papel consistía en ser un espacio donde el público pudiera “decidir, en última instancia, si hay o no un arte propio” y el segundo, era convertirse en un centro de formación donde los artistas se capacitarían para “juzgar y estimar, con meridiana imparcialidad y sin prejuicio de escuela o de tendencia, el arte de los demás”. El Salón Anual de Artistas era, entonces, un espacio dual donde las obras eran una especia de bisagra. Ellas eran las que le permitían al público preguntarse sobre si había arte local o no, y a los artistas hacer un ejercicio un poco más abstracto: juzgar la calidad. El I Salón Anual mostró 155 obras de 73 artistas, entre quienes había 16 mujeres. “Los jurados eran poetas, embajadores y políticos. Muy pocos sabían de arte. En esa época se impuso la pintura”, dice la artista Beatriz González. Jaime Cerón, entonces asesor del Área de Artes Visuales del Ministerio de Cultura, decía que el Salón mostraba “un mundo pequeño en el que sólo se exhibían obras de artistas del interior”, aunque se percibía la necesidad de crear un arte que identificara a los artistas de todo el país. Durante la década de los cuarenta el Salón tuvo como sede a la Biblioteca Nacional de Bogotá y otorgó un premio en cada evento; Ignacio Gómez Jaramillo, Carlos Correa y Luís Alberto Acuña fueron algunos de los ganadores. Los nueve salones nacionales que se llevaron a cabo posteriormente, entre 1940 a 1952, fueron el escenario de un relevo generacional. El evento vio el ocaso de la pintura académica de principios de siglo XX, la consolidación de los artistas que buscaban un arte americano y la llegada de los artistas modernos.

Durante las décadas de los 50s y 60s, el Salón Nacional se mudó al Museo Nacional y aunque se interrumpió durante la dictadura del General Rojas Pinilla, el arte siguió evolucionando en galerías comerciales como la Bucholz, El Callejón y la Galería Central de Arte. En esta década se gestaron cambios importantes; los Salones comenzaron a mostrar obras de arte moderno y aumentaron los medios participantes, ya no había sólo pintura y escultura sino que entre las nuevas categorías había dibujos, grabados y cerámicas. Otro hecho clave de este período fue la aparición de una crítica de arte especializada, con personajes como Marta Traba, Walter Engel, Casimiro Eiger, y publicaciones dedicadas al tema, como Prisma (1957) y Plástica (1956-1960). Muchos de los artistas que hicieron parte de los Salones empezaron a ser reconocidos a nivel nacional e internacional. Durante estas décadas participaron y fueron premiados Eduardo Ramírez Villamizar, Fernando Botero, Alejandro Obregón, Édgar Negret, Enrique Grau, Norman Mejía, Beatriz González, Pedro Alcántara Herrán, Álvaro Barrios, Luis Caballero, Santiago Cárdenas, Feliza Bursztyn y Carlos Rojas, entre otros. Beatriz González confiesa que no fue la misma luego de ganar un segundo premio especial (en la categoría de pintura en 1965 durante el XVII Salón Nacional.) Un año después, el Salón se trasladó nuevamente, esta vez a la Biblioteca Luis Ángel Arango.

1970s – 1990s

En 1970, durante el XXI del Salón Nacional, el jurado venezolano Juan Calzadilla dicta una sentencia de muerte: “Soy espectador de un funeral”, dice,  resaltando la crisis por la que pasaba la institución. El mórbido comentario tenía razón de ser: los artistas de las décadas pasadas habían dejado de asistir, la organización decidió hacer el salón cada dos años y los premios fueron suspendidos. En 1976, como respuesta a esta crisis, se crearon los Salones Regionales con la misión de descentralizar el evento, lo que permitió la participación de muchas más personas. Ésta fue la década del arte conceptual y el hiperrealismo; la fotografía se premió por primera vez. Algunos de los artistas participantes en los Salones de esta década fueron Beatriz González, Alfonso Quijano, Bernardo Salcedo, Antonio Caro, María de la Paz Jaramillo, Clemencia Lucena, Juan Antonio Roda, Álvaro Barrios, Santiago Cárdenas, Antonio Caro, Juan Camilo Uribe, Fernell Franco, Grupo El Sindicato y Alicia Barney. La sentencia de Calzadilla se anticipó una década a la realidad, los Salones fueron cancelados entre 1980 y 1985 para replantearse su propósito. Aunque el de 1985 se realizó en Bogotá, fue en esta década cuando el Salón comenzó a recorrer el país. En 1987 se realizó en Medellín, en el aeropuerto Olaya Herrera, y en 1989, para conmemorar sus 50 años, en Cartagena. En 1990 el Salón regresó a Bogotá y se realizó en Corferias. Los 357 artistas participantes constituyeron el mayor número en la historia y el gran número de artistas refleja una gran afluencia de público. Durante ésta década el Salón fue testigo del surgimiento de una nueva generación de artistas, entre quienes estuvieron Nadín Ospina, María Teresa Hincapié, Luis Fernando Roldán, Wilson Díaz, María Fernanda Cardoso, Rodrigo Facundo, Juan Fernando Herrán, José Alejandro Restrepo y José Horacio Martínez, que se caracterizaron por el uso de los medios masivos de comunicación y por el registro de  la apremiante realidad social, económica y política de Colombia, a través de su trabajo plástico.

Nuevo siglo

Con la llegada del nuevo siglo, a nivel mundial, los grandes formatos de exhibición del arte desaparecen o sufren grandes transformaciones organizativas y conceptuales. Instituciones ambiciosas como el Salón, que pretendía dar un vistazo a la producción de todo un país (“el termómetro del arte colombiano”, lo llamó Marta Traba), fueron reemplazadas por muestras más pequeñas, temáticas y curadas. En Colombia, la idea del Salón como “termómetro” perdió impulso, en parte como respuesta a esos cambios conceptuales mundiales y en parte por cuestiones más pragmáticas (hacer una gran exposición en Corferias resultó ser demasiado costoso). Así, el Salón cambió de formato y pasó de ser una selección de artistas hecha por un jurado a muestras concebidas por un comité curatorial, articuladas en torno a un eje conceptual. En el 2000 se desarrolló el Proyecto Pentágono, que tenía cuatro nodos: investigación, consolidación de exposiciones, producción y circulación, con el propósito de ayudar y divulgar el arte contemporáneo en Colombia. La muestra “Materialismo y Espacios” se exhibió en museos de Bogotá, Cali y Medellín, mientras que “Actos de Fabulación” una muestra de performance se realizó en varias sedes de Bogotá. Para la versión 40 del Salón, realizada en 2004, fue una investigación curatorial la encargada de escoger a los artistas invitados. Se propusieron 14 exposiciones que recorrieron 17 capitales departamentales antes de llegar a Bogotá. Las curadurías fueron seleccionadas por los Comités Regionales de Artes Visuales, constituidos por representantes de las entidades culturales y académicas de las siete regiones: Centro, Oriente, Sur, Pacífico, Orinoquía, Caribe y Centro Occidente. El 41 Salón Nacional  ¡Urgente! se realizó en Cali, con una curaduría de Victoria Noorthoorn, Oscar Muñoz, Bernardo Ortiz, José Horacio Martínez y Wilson Díaz. Fue un Salón de gran envergadura que se nutrió de dos afluentes: los 12 salones regionales realizados el año anterior, e invitados internacionales y nacionales. El Salón fue una amplia muestra distribuida por el equipo curatorial en tres exposiciones: “Imagen en cuestión”, “ Presentación y representación” y “Participación y poética”; tres temas urgentes para el arte, que abordaban tanto los artistas colombianos como los artistas internacionales invitados. Además de las exposiciones, el Salón incluyó la 7ª edición del Festival de Performance de Cali (organizado por el colectivo independiente- Helena Producciones e integrado al Salón); un programa pedagógico-artístico, organizado por las facultades de arte de la ciudad  y actividades paralelas como conciertos, conferencias, mesas redondas y proyecciones. El siguiente Salón Nacional de Artistas, el número 42, se tituló Independientemente y se realizó en la costa Caribe colombiana, con distintas muestras en Cartagena, Barranquilla y Santa Marta. El equipo curatorial Maldeojo propuso ver al Caribe como una región con su propio desarrollo. La idea de Independientemente era, de un lado, activar las curadurías regionales dándoles la opción de proponer a algún artista que realizara talleres en una comunidad de la región Caribe, y de otro “El Encuentro de Lugares” que tuvo lugar en Cartagena y tenía como intención ser un evento de una semana para hablar de arte.